Este fin de semana he comprendido que era toda esa fijación con las fondues de chocolate que tiene todo el mundo...
El viernes estábamos de mono fast-food; el cuerpo y todo lo demás menos la conciencia nutricional nos pedía una orgía rápida de Burger King (admitámoslo, pasa hasta en las mejores familias...)Pero la zona y la vegetariana del grupo que daba la lata nos hicieron decantarnos hacia un sitio bastante juvenil y colorido, en plan fast food pero buena, de la que sabes que si pone ternera no te vas a tener que preguntar ¿pero oh Dios, de que parte de la ternera será esto?
El sitio se llama Micota, y tienen un mix de rápido pero sano y además diferente que va bien tanto al estomago como al bolsillo.

Luego llego el postre y ya dimos al traste con el contador de calorías: nos tiramos voraces a por la fondue de chocolate toblerone y vaaaaayaaaa. Si eres amante del chocolate no hacen falta matizaciones como fondue o chocolate -de hecho el verdadero amante del chocolate ni oirá el resto de la frase- pero si como yo no es algo que compense del todo el sacrificio calórico, pues agárrate.

Porque la fondue de chocolate es uno de los grandes inventos sociales de todos los tiempos. Y por social en realidad me refiero a más de uno, que esto del chocolate fundido acompañado de fruta fresca va bien tanto para 2 como para 200. La sensación de intimidad, buen rollo y fraternidad es la misma. Serán cosas del chocolate.

que encontré. Particularmente me encantó esta, que al mas allá del sabor (hay variedades para perderse) y de la facilidad de uso (2 minutos en el microondas y además admite nevera y subsecuentes recalentados), es el bonito envase de cerámica esmaltada, que tengo intención de coleccionar. Son el tamaño, color y formato perfecto para el huertito casero de hierbas que llevo años queriendo plantar, y creo que por fin lo lograre. Por una vez en casa están todos DESEANDO colaborar...